El contagio emocional entre humanos y perros existe.
Los perros son especialistas en percibir nuestras emociones y estado anímico ya que llevan más de 15.000 años evolucionando junto a los humanos y nos conocen perfectamente.
Son capaces de extraer e integrar la información sensorial emocional y discriminar entre estados de ánimo positivos o negativos. Alegría, tristeza, ansiedad, estrés…no sólo conocen nuestro lenguaje corporal ante estas situaciones anímicas, si no que a nivel olfativo son capaces de reconocer las hormonas que desprendemos involucradas en estas emociones.

Todo esto influye directamente en su comportamiento, si bien actitudes positivas y tranquilas pueden evocar su calma y equilibrio, los estados de angustia, estrés o ansiedad provocan comportamientos poco equilibrados en ellos como estrés, inseguridad o reactividad…
Nuestras emociones son sumamente importantes a la hora de llevar a cabo una modificación conductual, es decir, nuestro estado anímico puede ayudar a mejorar o por el contrario empeorar la situación de nuestro perro. Solucionar nuestros problemas de base emocional, tanto miedos como situaciones que provocan estrés o ansiedad será determinante para ayudar a nuestro perro a superar sus problemas de conducta y emocionales.
Fuera de los tratamientos conductuales, en general, debemos propiciar unas condiciones emocionales estables en el entorno del perro. Evitar gritos y peleas, desórdenes rutinarios, desequilibrios emocionales constantes, tensión ambiental… todo afecta al perro directamente.
En definitiva, aprender a controlar nuestras emociones y superar nuestros problemas personales es muy importante cuando escogemos convivir con un perro ya que puede afectarle de forma negativa si no sabemos llevarlo.

Todo esto es un mensaje que siempre dejamos claro a nuestros clientes y creemos que puede ser de utilidad o curioso para vosotros.